Fumigantes

Los fumigantes tienen un uso limitado, pero se han utilizado para el control de roedores en situaciones donde los métodos convencionales, tales como cebos y venenos de contacto, resultan ineficaces o poco prácticos. Es necesario extremar los cuidados en la aplicación de todas estas formulaciones y, en muchos países, sólo los profesionales del control de plagas están autorizados a utilizarlos. Uno de los compuestos más comúnmente utilizados para la fumigación es la fosfina (PH3), derivada del fosfuro de aluminio, se utiliza principalmente para el control de plagas de insectos que aparecen en productos almacenados, si bien estas aplicaciones también son eficaces contra los roedores. Otro fumigante es el dióxido de carbono (CO2), utilizado en un dispositivo diseñado especialmente para su uso contra los ratones comensales. Los fumigantes también se han utilizado para gasear las madrigueras de los roedores. En estas operaciones se introducen gránulos o pastillas en las madrigueras de los roedores, que posteriormente se sellan con tierra. Los gases producidos se acumulan hasta alcanzar concentraciones letales para los ocupantes de la madriguera. Estas técnicas son comunes para el control de los conejos, y son menos frecuentes para el control de las ratas.